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COMO CONQUISTAR LA TIERRA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Miércoles, 02 de Junio de 2010 14:47

Cómo conquistar la tierra

Josué 5:13-15  Estando Josué cerca de Jericó,  alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él,  el cual tenía una espada desenvainada en su mano.  Y Josué,  yendo hacia él,  le dijo:  ¿Eres de los nuestros,  o de nuestros enemigos? El respondió: No;  mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora.  Entonces Josué,  postrándose sobre su rostro en tierra,  le adoró;  y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies,  porque el lugar donde estás es santo.  Y Josué así lo hizo.

 

Este es un precioso pasaje las Escrituras. Ese día Josué salió a meditar en los llanos cercanos a la ciudad de Jericó, con 70 años vigorosos a cuesta, Jericó estaba a 8 kilómetros del rio Jordán, donde los Israelitas habían pasado, era un valle muy fértil, y de algún modo ese día Josué se sintió inquieto por lo que venía, y salió a dar un paseo, busca un lugar para tener una visión panorámica  de la nueva tierra y también para buscar de Dios. Recordemos que Josué era un hombre de Dios y que estuvo junto a Moisés,  que era un hombre que buscaba a Dios normalmente en su vida rutinaria. Por lo cual no es extraño que Josué se apartara para estar solo y buscar a Dios, es ilógico que el se encerrara, teniendo tan hermoso panorama, hermosas praderas, lindos arboles, preciosa vertientes, a lo lejos el monte Nebo y el verdor de rio Jordán. Creo que estaba en un montículo, solo, sin su guardia personal, meditando, sin saber la estrategia para conquistar esa ciudad. Pero de allí veía los imponentes muros de Jericó, su imponente puerta, movimientos de guerra, preparación para la batalla.

 

Allí estaba Josué, en un momento mira al suelo, pensativo, y cuando levanta de nuevo su vista de pronto ve a un varón con una espada desenvainada en su mano directamente frente a el, tenía vestimentas comunes, de manera que no sabía si era de su pueblo o enemigo, Josué tampoco sale corriendo, o hace algún movimiento para defenderse, probablemente no estaba muy cerca, quizá a una distancia prudente como para reaccionar si era un enemigo. Además debemos sacar como conclusión que Josué era un hombre de guerra diestro en el uso de la espada (Éxodo 17:13), que había peleado muchas batallas contra feroces enemigos, y él, probablemente, tenía fortaleza física como para enfrentar solo a muchos enemigos, en el tiempo de los reyes, y en especial en los tiempos de David, los capitanes eran hombres fuertes como Joab que solos enfrentaban a cientos (2 Samuel 23:8-39), para ser capitán en el pueblo de Israel debían tener esas características, de ahí que Josué no se asusta por un solo hombre.

 

Este varón no encaja en los panoramas mentales de Josué y le pregunta de qué lado está. Si por Israel o por Jericó, entonces viene la respuesta que clarifica todo: Un “No, yo soy jefe del Ejército de Jehová que he venido ahora”, porque no estaba en la guerra que Josué pensaba, estaba en otra guerra, una espiritual que se iba a dar en los cielos de Jericó. Un jefe hablaba con otro jefe, uno de un ejército celestial y otro del ejército terrenal, uno en una guerra espiritual y otro en una guerra terrenal. Pero ambos en el mismo propósito de Dios.

 

Luego este varón pide que Josué se quite su calzado, porque el lugar en que está es santo. Casi el mismo llamado que tuvo Moisés, cuando nosotros nos enfrentamos a un llamado de Dios parte de la humillación, sacarse los zapatos o calzado en ese tiempo era símbolo de humillación, y Josué, aun siendo un gran capitán, y un gran siervo de Dios no estaba exento de la humillación, debía sacar su calzado e inclinarse delante del Señor.

 

Como conclusión a este pasaje:

Primero,  podemos decir que cuando Dios nos llama a una tarea o misión especial habrá una pelea en los cielos, y que el Señor va a pelear por nosotros, aunque seamos expertos guerreros, somos la avanzada acá en la tierra de algo que se está produciendo en los aires.

 

Segundo: No es de nosotros la estrategia, sino que Dios debe revelar la estrategia para la conquista, en el capítulo 5 está la revelación de Cristo, y en el capítulo seis está la estrategia dada por Dios para conquistar esa ciudad. Cuando Dios nos envíe a un lugar no te desesperes por no saber cómo hacer la obra del Señor, espera en El, que El se revelará y dará la estrategia a seguir.

 

Tercero: debes partir desde la humillación, el sacar el calzado significa que debes sacar todo aquel orgullo protección humana que protege tu pie para que así después Dios te dé todo lo que pise tu pie. El estar descalzos es depender de Dios, es buscar refugio en Dios, es esperar de Dios la provisión y no en los hombres. El quitar el calzado es decir “nada puedo si tu no estás conmigo”, es decir ”no confió en mis habilidades sino en tu poder”. El estar descalzo es sintonizar la onda de Dios, la onda que los ángeles sin tener pecado captan, y aun así tienen que humillarse delante de Dios, cuánto más nosotros que pecamos con el solo pensar. Pienso en el día en que estaba en la mesa y sobre mi mesa entró una hormiga y sin permiso comenzó a comer mi pan, y yo la expulsé de mi mesa con mi dedo, pero qué hubiera pasado si esa hormiga hubiera subido a mi mesa y me hubiera hecho una reverencia, y me hubiera hablado y dicho, ¡que grande eres! ¿serías tan amable de permitirme estar en tu mesa?..., cuan distinta hubiera sido mi reacción. Pero imagínense que la diferencia entre nosotros y Dios es infinitamente grande, por lo cual el humillarse es parte del protocolo de Dios.

 

Cuarto: La conquista será por aquello que somos en Dios y para Dios, no por las cosas que podamos hacer. Aprende a ser un admirador de Dios, aprende a ser un fans de Dios, aprende a entrar en su presencia como corresponde, aprende a ser amigo de Dios y solo así vendrá la conquista, porque Dios desenvainará su espada por aquellos que le aman y le obedecen y creen en el a ciegas. De otra manera no se puede hacer.

 

Atte. Pedro Alarcón